19 de febrero de 2010

Casa Calise (Hipólito Yrigoyen 2562)

Edición N° 55

Por su mudez congénita, ¿qué otra cosa pueden hacer las fachadas que no sea hablarnos en el idioma del silencio, desde su rigidez y a través de sus formas? Si tuvieran el don de la voz, gritarían sólo para llamar la atención y sentirse miradas, especialmente aquellas que han cargado con el mismo rostro durante más de cien años. Recurramos, entonces, a la memoria escrita en estas paredes frontales para comprender por qué despertaron tanta fascinación a comienzos del Siglo XX, cuando Buenos Aires se jactaba de ser la ciudad más bella de Sudamérica, la más europea del extremo sur.

Desperdigadas en barrios con marcadas diferencias sociales entre sí, las fachadas nos dan una idea global del perfil ansiado por la ciudad a partir de 1900, donde no era extraño que una casa de familia luciera como un auténtico palacio real. Un claro ejemplo de esos frontis ostentosos lo podemos encontrar en una centenaria casa de rentas de la zona del Once, a pocos metros de la Avenida Rivadavia y muy cerca de la Plaza Miserere.

Bautizada con el apellido de su dueño, la Casa Calise iguala o supera en belleza a las fachadas señoriales de los vecindarios más pudientes. El frente de este edificio de 1750 metros cuadrados, distribuidos en tres cuerpos y un par de locales, es la expresión más fidedigna del art nouveau logrado por el talentosísimo arquitecto italiano Virginio Colombo. Como no podía ser de otra manera, junto con las texturas y los colores utilizados, su impactante ornamentación escultórica muestra una armonía perfecta desde la cúspide hasta la finalización del muro contra la vereda. Los motivos naturales, compuestos por guirnaldas de flores, plantas y racimos, así como los rostros femeninos, predominan en la parte superior del edificio, aunque estos últimos también pueden observarse próximos a las fantásticas cabezas de leones que asoman desde los balcones más cercanos a la acera. Simulando ser fortísimos atlantes, una serie de cándidos querubines acogidos en lienzos decoran el sector inferior de las ventanas principales, y otros semejantes juguetean con los géneros en el ápice del edificio.

De punta a punta, la fachada parece estar en constante movimiento, no sólo por la más de una docena de estos pequeñitos suspendidos a tanta altura, sino también por las enormes siluetas femeninas aferradas a la pared con una naturalidad desconcertante. Al ver la sinuosidad y las posturas de los cuerpos, me cuesta creer que jamás fueron reales… Pero lo que hipnotiza y genera curiosidad es el hermosísimo grupo escultórico central que corona la edificación con una escena que para algunos supone una crucifixión por encontrarse incrustada justamente entre ejes perpendiculares. Sin embargo, aguzando la visión, no presumo otra cosa que la representación del amor en la imagen de un hombre y de una mujer aferrados a una gran antorcha encendida, atrapados en un remolino de paños blancos que, como si fuera viento, los eleva triunfantes hacia el cielo. ¡Es tan subyugante su estética que cuesta quitarle los ojos de encima! Varios metros abajo, casi al ras de la vereda, unos raros elementos decorativos dan forma a las dos puertas principales de entrada y complementan a este frontispicio sobrecogedor. Son los nautilus, una especie de moluscos que el arquitecto Colombo solía repetir en varias de sus construcciones y que aquí aparecen modelados en hierro y enlazados con hojas, flores y estrellas de mar.

A simple vista, la Casa Calise logró mantener intacta su fachada, nacida en épocas donde la mejora económica y social transformó a Buenos Aires en una metrópoli. Sin embargo, en las décadas siguientes -siempre en nombre del adelanto y del ansiado bienestar- decenas de ellas fueron demolidas junto con las edificaciones o mutiladas por las nuevas tendencias arquitectónicas. Tiempos peligrosos son los actuales para estas caras centenarias, acosadas cada vez más por las innovaciones del diseño urbano y el continuo crecimiento inmobiliario. Tiempos en los que el progreso y el sueño cumplido de otros puede quedar reducido a una simple montaña de escombros.

16 comentarios:

Arq. Luis Romo dijo...

Para mi gusto es la fachada más hermosa de la ciudad a pesar que no se han respetado los colores originales.
Saludos Andrea,Luis.

francisco dijo...

Hola Andrea!

A la distancia sigo leyendo tu blog para "conocer" un poco más tu bella ciudad.

Siempre que me encuentro ante una construcción antigua, sobre todo si está derruída- que parece no ser el caso de tu artículo- no puedo dejar de imaginarme a su orgulloso propietario cuando por fin la viò terminada.

Cuéntame una cosa, o dos ; quien (es) son actualmente sus propietarios?. Alguna entidad estatal se encarga de la conservación de estos monumentos?

Un abrazo y no dejes de escribir!

Cronopio dijo...

Hola Andrea! Ahora si, en vacaciones y desde lejos, anoche terminé de leer tu blog (lo había comenzado en medio de una entrega de laburo).
Vi que ya te han lo felicitado suficiente por este blog - y con toda justicia. Asi que se me ocurre que lo que puedo hacer para agradecerte estas horas de lectura y descubrimiento (el ultimo finde segui tus pasos y fui a pasear en tranvia y recorri el taller de los coches), como decia, lo que puedo hacer para agradecerte es recomendarte paseos que estoy seguro te van a gsutar si aún no los conoces.
Entonces si me permitis el atrevimiento: un lugar que se presta a fotos y a horas de lectura bajo los arboles es el Museo Larreta, en Juramento y Vuelta de Obligado. Un oasis en pleno Belgrano.
aca hay un blog con fotos

http://www.viajeros.com/fotos/museo-larreta-de-arte-espanol-bs-as/177792

Andrea dijo...

Hola Francisco: paso a responder tu inquietud. Funciona como casa de renta, hotel de pasajeros y por lo que he visto, algunos deptos fueron refaccionados para su venta. Un ejemplo de esto último, lo hallé en este aviso inmobiliario: http://www.leticiafirpo.com/fichaventa.php?codigo=565
Saludos,
Andrea.

Andrea dijo...

Hola Cronopio, gracias por tu comentario y por tu sugerencia, desde ya es muy bienvenida.
Te cuento que durante el mes de enero visité el Museo Larreta. Realmente es precioso y ni hablar de su parque, con sus especies arbóreas y sus variedad de plantas. Si bien en esa oportunidad llevé la cámara de fotos, un letrero advertía que está prohibido sacar fotografías y filmar, incluso en el parque había una persona de seguridad vigilando constantemente. Por lo tanto, ante la prohibición, preferí no pasar un mal momento sacando fotos "de contrabando" y realicé la visita con una guía para interiorizarme sobre el museo y sus objetos de gran valor. Sinceramente, no sé por qué algunos museos de nuestro país no dejan sacar fotografías, al menos sin flash, cuando otros museos mundialmente famosos lo permiten sin ningún inconveniente.
Saludos y, nuevamente, gracias por tu mensaje,
Andrea.

Andrea dijo...

Luis, coincido con tus palabras. Una se queda sin palabras ante tanta hermosura.
Saludos, Andrea.

flor de loto dijo...

Hola, cómo estás... te agradezco especialmente por esta entrada de información que das, hace unos años atrás viví a unas cuadras de este edificio que siempre me sorprendió por lo hermoso que es y que nunca supe de qué se trataba. Gracias por tu inmenso aporte en el descubrimiento de la ciudad hermosa en la que vivimos.

Andrea dijo...

Hola Flor de Loto, gracias por seguir siempre mis relatos y dejar tus comentarios. Sinceramente, te lo agradezco.
No vivo muy lejos de esta casa centenaria. Cada vez que paso por su frente, me maravillo como si fuera la primera vez que la viera. Coincido con vos en que es ¡hermosa!
Saludos,
Andrea

info@gobaires.com dijo...

Andrea, dinos por favor dónde podemos enviarte una propuesta por email!

Saludos

Ignacio
Gobaires.com

Mobesse dijo...

Aunque estoy un poco alejado de los blogs, siempre encuentro un ratillo para leerte y ver tus fotos. Así mi enamoramiento por B.A. no decae. También a mi me gustaría vivir cerca de de este edificio.
La luz austral que veo ¿es psicológica?

Luistor dijo...

Andrea: Acabo de descubrir tu blog. Me pongo a leerlo con enorme gusto y curiosidad.
He presentado varios proyectos de ley para proteger edificios en la ciudad, algunos de los cuales ya se han sancionado. Pero necesito nutrirme más para continuar ese trabajo, y veo que estás muy vocacionada y preparada. Por favor decime si te interesa ayudarme.
Te saluda,
Luis F.

Andrea dijo...

Gracias, Gobaires!!

Hola Mobesse, ¡a ver cuándo vienes a Buenos Aires a conocer todas estas bellezas!

Andrea dijo...

Luistor: gracias por el mensaje. Con mucho gusto me gustaría contactarme con usted y colaborar en lo que pueda. Mi casilla de correo es anvamor@gmail.com

lucia muñoz dijo...

hola , hace poco descubri este blog y me encanta que haya gente q tbn mire para arriba cuando camina esta hermosa ciudad... es una pasión que me alegra mucho compartir. gracias.

Fernando Aramayo dijo...

Tuve el honor de vivir en otra vivienda de Colombo, "la casa de los leones" la llamo cariñosamente, está justo en frente de la Calisé es increíble los detalles constructivos de este genial arquitecto. También tuve el inmenso placer de ver los trabajos de restauración en Tucumán 1961, otra vivienda de Colombo, no se pierdan los detalles de la escalera con ese mítico dragón.
Volviendo a la Calisé, desde la terraza de la casa de los leones se aprecia la brutal mano del hombre en sus manzardas de pizarra natural en escama de pez, algunas pintadas otras "reparadas" con membrana líquida y/o asfáltica, una tristeza ...
Si el devenir me acompaña pronto comenzarán las tareas de restauración en el Teatro de la ópera italiana en la calle Sarmiento al 1500 /1600, obviamente del magnífico Virginio.
Tuve mucha fortuna en mi corta vida como "casi arquitecto" especializado en restauración.
No hay sueños imposibles, reza un post anterior.
Buena vida, gracias por el blog.

Anónimo dijo...

Cuando viajo a la capital y camino o me subo a un colectivo, mi mirada siempre va hacia las fachadas de todos los edificios de una belleza incomparable. Amo ver esas esculturas plasmadas en casas y que dan cuenta de una época gloriosa de la arquitectura. Muchas veces pienso que pena que los propios vecinos o simples caminantes no se paren a contemplar la belleza arquitectónica que la ciudad ofrece.