22 de junio de 2008

Allá por el Centenario...

Edición N° 35

El Centenario de la Revolución de Mayo puso en marcha la acelerada industria de los festejos patrios, que tuvo a la Plaza del Congreso como uno de los escenarios más memorables.

Cuenta la historia, que el origen de esta plaza difiere del de cualquier otra de la ciudad, ya que no nació de un baldío, sino que fue construida especialmente para conmemorar los cien años de la Revolución. A fin de concretar su traza, varias edificaciones debieron ser demolidas, entre ellas el primer molino harinero del país. La parquización recayó en manos del notable paisajista Carlos Thays, quien además de agregar al predio balcones laterales, esculturas y copones de bronce lo embelleció con una variada selección de árboles, de los que se destacan especies autóctonas de la selva chaqueña, como las tipas y los jacarandás. Las viejas postales de la plaza que recuerdan el Centenario muestran a estas especies arbóreas y al histórico gomero ubicado en una de sus esquinas como testigos mudos de los pomposos desfiles militares que marchaban desde la Casa de Gobierno hasta el Congreso, en conmemoración de la gesta cívica. La Avenida de Mayo facilitaba la insuperable perspectiva hacia este magnífico espacio verde que, como telón de fondo, ostentaba el Palacio Legislativo recientemente erigido.

Pero en 1913, el Monumento a los Dos Congresos, esa mole que rinde homenaje a la Asamblea del Año XIII y al Congreso de Tucumán de 1816, transforma la fisonomía de la plaza y se convierte en el emblema que rememora la libertad y la independencia obtenidas por la Nación. En la cúspide de la columna principal, la silueta femenina que representa a la República Argentina se apoya en un arado ―herramienta insignia del trabajo―, mientras agita el laurel de la gloria y aplasta con su pie a la serpiente, símbolo del mal. Más abajo, dos esculturas en bronce engalanan el conjunto artístico de la plaza seca, con referencias a la bandera, al escudo, al himno y a la libertad. Aferrados a las balaustradas de la terraza, cóndores de bronce custodian el predio decorado con ángeles en sus cuatro pilares y con las típicas farolas de fundición. Pocos saben que la fuente de agua más grande de Buenos Aires es la que forma parte de este descomunal monumento. En su primer nivel, una extensa pileta simboliza la confluencia de los ríos Paraná y Uruguay, donde cuatro caballos alados, con sus patas como membranas, escapan del receptáculo, en medio de una lucha desenfrenada con los yacarés. Un pronunciado desnivel, conduce las aguas correntosas de los ríos hasta el gigantesco estanque, que no es más que la representación del Río de la Plata, el más ancho del mundo.

A principios del siglo pasado, estos parques y paseos eran el orgullo de una sociedad que apreciaba el orden y la belleza, y asunto primordial en las decisiones gubernamentales de la época. Próximo a cumplirse el Bicentenario de la Revolución de Mayo, parece que las cosas han cambiado… La Plaza del Congreso ya no luce como hace casi cien años. Sólo basta con recorrer sus siete hectáreas para estrellarse contra una realidad difícil de digerir. Poco queda de las placas de bronce al pie de las esculturas, cuyas curvilíneas formas el rojo sangre de los aerosoles se encargó de manchar. Tras los sucios balcones de piedra y bajo la copa frondosa del gomero histórico, los colchones agujereados, las frazadas rotas y las botellas vacías acunan los sueños etílicos de un grupo de mendigos malolientes. Más allá, cerca de las rejas que prohíben el acceso al monumento ―sometido durante años al vandalismo―, las ráfagas elevan los plásticos volátiles, que terminan ahogados en el inmenso espejo de agua o enganchados en los arbustos, cual flor en primavera. Hoy, sólo el bermellón de los ceibos, el azul violáceo de los jacarandás y el aterrizaje coordinado de una bandada de palomas sobre un campo de maíz improvisado mantienen vivo el espíritu de esta plaza, la misma que alguna vez fue protagonista, como ninguna otra, del apogeo de nuestra Nación.

18 comentarios:

bett/ dijo...

andre gracias por compartir éste gran secreto que escondía la Plaza... un saludoooooooo muy fuerte

ninona dijo...

Tu blog es muy interesante y las fotos son muy buenas. Me ha gustado un montón.
Seguiré visitándote.

Un saludo.

Andrea dijo...

Gracias por tu comentario, Betty. Muchos lugares de nuestra ciudad ocultan datos y hechos que ni imaginamos...

Ninona, agradezco tu visita al blog. Y te invito a que sigas descubriendo más historias.

Saludos, Andrea.

Fabiana dijo...

Muy bello relato comparativo de dos épocas totalmente diferentes. En ambas, la plaza del Congreso sigue siendo un ícono, muchas veces descuidado, de una sociedad que tampoco se cuida a sí misma.
Vamos camino al tan trillado "bicentenario". Ojalá esta plaza no siga perdiendo parte de su historia en manos de un vandalismo cada vez más afecto a destruir vestigios de nuestro pasado.

ernesto51 dijo...

Descubro este blog gracias a Bett y me quedo fascinado. Sus contenidos, textos e imágenes, me han dejado cautivado. Buenos Aires es uno de mis viajes pendientes, pero soy un enamorado de la ciudad, de la historia argentina de sus gentes... Tendré que volver a visitarlo y disfrutar del blog con tiempo. Volveré. Gracias y un saludo.

Andrea dijo...

Gracias, Fabiana por tu comentario tan lindo...

¡¡Bienvenido al blog, Ernesto!!
Agradezco tus comentarios y espero que pronto puedas conocer la ciudad. Mientras tanto, no dejes de darte una vuelta por aquí.

Saludos, Andrea.

Fernando Terreno dijo...

Hola Andrea:
Está muy lindo el "Secretos..."
Por las dudas no lo hayas visto en la ocasión de la serie sobre los cafés, te pego este link sobre los tangos y los fecas:
http://128.121.102.250/nota-cafestango.html
Los Cafés en el Tango
Por Emilio Zamboni
Notables y trascendentes tangos nos recuerdan constantemente a esa institución llamada café. Por ejemplo: Café de los Angelitos, Cafetín de Buenos Aires y El Ultimo Café.
Afectuosamente
Fernando T.

Andrea dijo...

¡¡Gracias por tu visita, Fernando!! Sin duda, Buenos Aires es un gran mapa del tesoro, y sus cafés son la brújula que nos orienta para descubrir infinidad de secretos.
Saludos, Andrea.

Stella dijo...

Me encanto tu blog! Lo descubri por casualidad navegando por YR! Me fascinan las historias escondidas detras de una ciudad que me gusta tanto como Buenos Aires. No veo la hora de volver a viajar para visitar algunos de los tesoros que descubri en esta pagina!

PROCAPI dijo...

¡Que buen blog! Ya lo agendo para poder visitarlo seguido.

Andrea dijo...

Gracias por tus palabras, Stella. ¡Qué bueno que el blog sea una guía para tu próxima visita por Bs. As.!


A la gente de PROCAPI, todo mi agradecimiento por visitar el blog.

Saludos, Andrea

Anónimo dijo...

Buenos Aires es una mierda y los porteños también.
Se creen los únicos argentinos y la verdad que son la verguenza de los argentinos, porque lamentablemente en el exterior es a los que más conocen. Se la pasan discriminando, a los misioneros y correntinos, les dicen paraguayos, a los salteños o jujeños, les dicen boliviano, a los mendocinos, sanjuaninos o neuquinos, les dicen chilenos. Y ni hablar de los bolivianos, peruanos o paraguayos, que son constantemente discriminados.
Además el porteño es una persona ignorante, que no sabe que pasa más allá de la Gral Paz.
Y buenos Aires es una ciudad fea, triste y sucia. Son tan amargos los porteños, que tienen un rio (feo, marrón y sucio, pero bueno) y hacen una ciudad que le da la espalda. Aprendan de los uruguayos giles.
Y otra, se comen el cuento de que los turistas vinene por la ciudad. Vienen porque le sale dos mangos morfar, cojerse buenas putas y comprar pilcha. Los verdaderos turistas son los que van a Bariloche, Cataratas, Mendoza, El Norte o el Sur.
Eh dicho.
Pablo Lamellas

Andrea dijo...

Pablo, es una pena que tanto resentimiento acumulado te prohíba ver las cosas buenas que tiene esta ciudad y su gente. En cuanto a la discriminación, es verdad que el porteño discrimina, pero eso no significa que lo hagan todos, ni que todos tengan en sus cabezas un muro llamado "Gral. Paz". Pensar que todos los porteños son así, es nada más y nada menos que discriminar; y tu opinión, típicamente extremista, demuestra que también el porteño es discriminado. La discriminación es algo que ya traspasa el ser ciudadano de una ciudad grande o de un pueblito perdido en la montaña: lamentablemente, es un mal esparcido no sólo en nuestro país, sino en cualquier parte del mundo que visites (incluso Uruguay). Por otra parte, gracias a Dios, el turista que llega al país no viene sólo con la intención de comer barato, salir con prostitutas o comprar ropa de cuero en la calle Florida. La mayoría viene con la intención que tiene cualquier turista común: conocer otros lugares del mundo. Digo más, muchos vienen por su arquitectura, por su oferta cultural,educativa y, mal que te pese, por su gente, a la que consideran muy amigable y hospitalaria. Todo nuestro país es maravilloso, de Norte a Sur, de Este a Oeste (y te lo digo con conocimiento de causa, porque lo conozco y cada lugar de la Argentina, con su variedad, me cautiva) y así como ofrece un gran abanico de paisajes, también ofrece gran diversidad en su gente, a la que vale la pena descubrir. Pablo: es una gran pena que no dejes de lado tus prejuicios y no te des una oportunidad para mirar mejor a esta ciudad. Ojalá puedas hacerlo alguna vez.
Saludos, Andrea.

Walter Godoy dijo...

Me gusta que se rescaten las historias detrás de estos monumentos como bien propone el blog, pero no estoy de acuerdo con la nostalgia pequeño burguesa del resplandor del pasado... Si en todo caso hoy la plaza congreso en pleno bicentenario no posee la gloria de hace cien años es porque ese país glorioso fue para unos pocos, y la miseria el desencanto y los corridos del mapa social de hoy día nacen de una historia llebada adelnate por autistas ilustres que gobernaron desde y para una elite sobre adinerada que construía monumentos aún más autistas (aunque de innegable belleza), hay que recordar las revueltas sociales del centenario para tener una mejor idea de eso. Hay muchas Argentinas en Argentina, y la plaza congreso es una buena testigo de eso-

Alicia y Daniel dijo...

SOMOS VECINOS Y VIVIMOS FRENE A LA PLAZA QUE LAMENTABLEMENTE DE A POCO ESTA DESAPARECIENDO, DIGO ESTO PORQUE SI VIERAS DEL ARENERO SE LLEVARON TODAS LAS REJAS COMO ASI TAMBIEN DE OTROS CANTEROS, BANCOS YA NO QUEDAN. LOS ROMPEN Y DE APOCO DESAPARECEN, HAY VARIOS CANTEROS QUE SON FUTBOLL 5 O 11 O LOS QUE LLEGAN, TENGO FOTOS DE LOS DIAS DE CALOR DE CHICOS BAÑANDOSE EN LA FUENTE (TE LAS PUEDO HACER LLEGAR)*TE FELICITO POR TU BLOG HOJALA CON TU AYUDA PODAMOS HACER ALGO PARA QUE SE PARESCA EN UN POQUITO A LO QUE VOS COMENTAS QUE ERA EN EL CENTENARIO Y QUIZAS ALGUN DIA LECOLOQUEN REJAS PARA PRESERVAR LO Q QUEDA
TE REFELICITAMOS
CORDIALMENTE
ALICIA Y DANIEL
daniel@net2card.com.ar

Andrea dijo...

Walter, según tu punto de vista, parece que fuéramos el único país en el mundo en el que las diferencias sociales se dieron durante toda su historia. Si es así, no me explico cómo en otras naciones que han atravesado conflictos sociales y hasta económicos mucho más profundos que los nuestros –por no citar guerras mundiales- han podido mantener en perfecto estado sus monumentos y reliquias arquitectónicas. El secreto seguramente está en que las sociedades de esas naciones sí hicieron valer todas las historias a través de sus monumentos, las de ricos, las de ciudadanos de clases media y baja, y las de los pobres. Por citar un ejemplo entre cientos, es imposible imaginar Berlín –por no decir Alemania- sin la Puerta de Brandenburgo. Hasta 1918 esa puerta estuvo prohibida para el uso de la gente común y sólo podía ser utilizada por la familia real y sus invitados. Durante la Segunda Guerra Mundial, este monumento fue muy dañado y su cuadriga completamente destruida; pero más allá de las diferencias existentes entre Berlín Oriental y Occidental, la reconstruyeron. Con la construcción del Muro de Berlín, la Puerta quedó en medio de las dos Berlín y el acceso se limitó solo para invitados de la República Democrática Alemana. Con la caída del muro y la unificación alemana, la Puerta fue restaurada y se le colocaron los elementos que por ideología política le fueron sacadas por el gobierno de Berlín Oriental al diseño original, como el águila y la cruz de hierro.
Siguiendo los argumentos de tu comentario, deduzco que si fuera por la miseria, el desencanto, los corridos del mapa social, por la elite adinerada, por la ideología de diferentes gobiernos y las revueltas sociales la Puerta de Brandenburgo hubiera corrido la misma mala suerte que muchos monumentos de nuestra ciudad. Según tus palabras, “hoy no tendría la gloria de sus comienzos, porque la Alemania gloriosa fue para unos pocos”, por lo que, actualmente, estaría en condiciones decadentes, tal como la Plaza Congreso con sus monumentos que, paradójicamente, sólo hablan de la libertad y de la independencia obtenidas por nuestro país.
Esta comparación entre las formas que tienen las sociedades de asimilar su propia historia a través de la conservación de su arquitectura y de sus monumentos, demuestra qué lejos estamos los argentinos de ser una sociedad aprendiz de nuestros errores y de nuestros logros. Sin duda, hubo, hay y habrá muchas Argentinas en una Argentina hasta tanto no dejemos de pasar todo por el tamiz de quién, en qué época o bajo qué circunstancias se hicieron las cosas para valorarlas o descalificarlas. Lamentablemente, seguimos sin comprender que esos monumentos y esculturas merecen ser preservados y respetados por el sólo hecho de que cada uno de ellos representó un momento –bueno o malo- de nuestra historia como nación. Y la historia es una sola, por más que queramos manipularla con diferentes ideologías.
Saludos,
Andrea.

Andrea dijo...

ALICIA Y DANIEL: gracias por pasar y dejar este comentario. Nada mejor que los vecinos cercanos a esta plaza para describir su estado actual. Coincido en un todo con lo que comentan, pero me temo que en este bicentenario no veremos ni una cuarta parte de la espectacularidad que tuvo la plaza.
Saludos,
Andrea.

dalekoqui dijo...

Andrea:
He quedado encantado con los descubrimientos de tu mirada y la sabiduría de tus respuestas para despejar tanto prejuicio y bronca acumulada en algunas almas. Las callecitas (y sus monumentos) de Buenos Aires tienen ese no sé qué, que has podido descifrar a través de tu cámara. Muy bueno el blog, te felicito!!