17 de marzo de 2008

Almacén y Restaurante "Suipacha" (Suipacha 425)

Edición N° 31


A escasos metros del emblemático Obelisco de Buenos Aires, la nostalgia porteña renace entre las paredes de la antigua "Confitería Suipacha". Este viejo refugio de tangueros, vedettes e intelectuales, ahora reabrió sus puertas como almacén y restaurante.

En su interior, reinan el buen gusto y la creatividad en la decoración así como la calidez en la atención. Pero si nos dejamos llevar por los ojos, inmediatamente tendremos la sensación de entrar en una gran fábrica de recuerdos. Allí, los artefactos y objetos en desuso —del "tiempo de ñaupa"— transforman cada rincón del restaurante en un retorno al pasado. No falta nada: las viejas botellas de vidrio para la leche, la balanza, la estufa a kerosene, la cortadora de fiambre, las inconfundibles latas de Maizena, Quacker y Royal y otras tantas reliquias se mezclan con el rostro del Che y con la guapeza y la eterna sonrisa de Carlos Gardel.

Para los amantes de las degustaciones, el bar de vinos invita a saborear la gran variedad de bebidas exhibidas entre chapas de patentes de automóviles y fotografías de otras épocas. Rodeado de antiguas publicidades colgadas de las paredes —que, seguramente, a más de un memorioso le harán "piantar un lagrimón"—, el salón comedor, en desnivel, sobriamente decorado e iluminado en forma natural, invita a probar las exquisiteces culinarias, siempre con la compañía de dos inmóviles tangueros que simulan dedicarnos los compases de sus bandoneones. Por las noches, todo cambia: músicos y bailarines de carne y hueso son quienes se encargan de maravillarnos al ritmo del 2 x 4.

Como despedida, bien vale la pena echar un vistazo al almacén que funciona sobre nuestras cabezas. ¡Sí! Allá arriba, donde las paredes encuentran su fin, una exacta representación de los "almacenes de antes" nos transporta a la niñez: bolsas de harina, jamones, yerba, cajones con bebidas, salames, ajos y una gran variedad de productos comparten un mínimo espacio con dos almaceneros que, evidentemente, no sufren del mal de altura, al igual que su gato bicolor, siempre a punto de caer...

10 comentarios:

bett/ dijo...

Gracias por hacernos viajar Andy... me encantó éste nuevo secreto de Buenos Aires. un abrazote

Anónimo dijo...

He tenido oportunidad de conocer este restorán y lo recomiendo porque está muy bien ubicado, en pleno centro porteño, y la decoración, atención y gastronomía son de destacar.

adri dijo...

me gustaron las fotos, muy buenas!
saluditos

Anónimo dijo...

Esta bueno este recorrido visual y escrito que nos hiciste de este pintoresco lugar.
Gracias por mostrarlo!
saluditos
Adri =)

Anónimo dijo...

¡Qué buen relato para este precioso lugar! Estaba pensando adónde ir esta noche, ahora ya me ayudaste a decidir, al almacén de Suipacha. Quiero respirar tango y Buenos Aires de antaño.
Un beso
Miriam (del curso)

Andrea dijo...

¡Gracias, Miriam! Espero que disfrutes del lugar, tanto como lo hice yo cuando tuve la oportunidad de conocerlo. ¡¡Por favor, no dejes de contarme tu experiencia en el almacén!!
Cariños, Andrea.

don pablo dijo...

andrea como estaS? llegue por el blog de bett muy interesante todo por aca y muy buenas tus fotos

sigo pasando para ver mas!
un saludo

Jorge Ferrari dijo...

Hola Andrea, realmente una linda sorpresa, mi nombre es Jorge Ferrari y soy uno de los propietarios de Almacén Suipacha y también autor de blogs, el de Hostel Colonial, otro de nuestros negocios es al que más le dedico tiempo. Realmente tu descripcíón es lo más cercano a la idea del restaurant que pensamos. Muchas gracias por dedicarnos tu tiempo y cuando pases por el Almacén Suipacha, hacete conocer y tomamos un café. Saludos. Jorge

Andrea dijo...

¡Gracias, Jorge! ¡Felicitaciones por este emprendimiento! Realmente es muy cálido y agradable el ambiente que genera el Almacén. No faltará oportunidad para que, café mediante, me cuentes más detalles de este ugar tan particular de Buenos Aires.
Saludos, Andrea.

Anónimo dijo...

fuimos dos veces en ésta semana y nos pareció un hermoso lugar, bien atendidos, buena comida, y muy buen precio, ademas de muy simpatica la moza (flaquita) que le hacia chistes a mi hijo de 7 años, lo recomiendo totalmente.

Gustavo punta del este Uruguay