10 de enero de 2008

Tanta belleza...

Edición N° 27


Que las esculturas merecen un capítulo aparte dentro de la historia de esta gran urbe porteña, no es ninguna novedad. Basta con agudizar la vista y recorrer su geografía para encontrarlas, esparcidas en los grandes parques, entre los jacarandás y las glorietas en flor; adosadas a paredes, puertas y ventanas o sobre los fríos sepulcros, como custodia eterna de quienes ya no están.

Nunca me canso de verlas... Los detalles asoman como pequeños descubrimientos diarios y la admiración se vuelve infinita hacia los artistas que, en tiempos remotos, supieron combinar a la perfección los trazos dibujados en su mente con el movimiento firme del cincel sobre el bloque o con el vertido del bronce.

Preciosas mujeres de cabellos rizados, de rostros felices o acongojados; hombres ilustres y desconocidos, llenos de gloria o derrotados; célebres personajes y seres mitológicos, atormentados o sosegados; animales fetiches y de los mundanos... Todos salpican de mármol y bronce cada espacio de la ciudad, transformándola en un lujoso museo de cara al cielo.

¿Con qué propósito las hicieron? ¿Qué imaginación desbordada consiguió modelar semejantes dimensiones en la piedra helada o con el fluido ardiente? ¿Qué sentimientos inundaron la mente y el alma de quienes las idearon? ¿Habrá alguien capaz de imitar hoy la habilidad y la creatividad fantásticas de aquellos geniales artesanos? ¿Qué sentirían sus creadores si hoy las vieran destruidas y echadas al abandono, por culpa de la ignorancia y la desidia ajenas? ¡Daría lo que fuera por hallar todas las respuestas! Y mientras las busco, pienso y me lamento: ¿por qué ese esmerado empeño en descuidar tanta belleza?

4 comentarios:

bett/ dijo...

caunta razón tenes andru... me encantó un besote grande desde la fría Madrid..

Maria de las Mercedes dijo...

Andrea has convocado interesantes y bellos ejemplos. Nacidos de la visión de sus creadores en una comunión perfecta entre el espíritu y la materia. Tan cierto es lo que expones, que solo es necesario posar una mirada interesada y embarcarse en la tarea de recorrer Bs. As. No saldremos defraudados, por el contrario nuestra exploración quedara justificada, porque las esculturas van surgiendo solas por entre el paisaje urbano. En lo personal no me es posible escapar a la contemplación de “ La Fuente de Las Nereidas” de nuestra genial Lola Mora,( nacida en Tucumán1877-1936). Esta totalmente realizada en mármol de Carrara y granito rosado. Después de superar varios traslados, por las infortunadas criticas morales que recibió en la época,(se desestima su emplazamiento en la Plaza de Mayo) va a ser ubicada definitivamente en la Costanera Sur de Buenos Aires. Reconocida como Monumento Histórico Nacional.
Su autora se encontraba en Roma cuando la proyecta. Se inspira en un personaje de la Mitología, el advenimiento de Venus,(Afrodita hija de Urano) nacida de la espuma marina, surgiendo de una valva. La Nereidas divinidades femeninas e hijas del Dios del mar Nereo-fueron quienes la acompañaron en ese surgimiento de las aguas. El enorme caracol en que esta posada fue su transporte (favorecido por Zéfiro) para ganar las costas de Chipre, donde las Horas (estaciones benéficas) luego de destinarle ropajes la conducen al Olimpo la. Morada de los Dioses.

Andrea dijo...

Gracias por tus palabras, María de las Mercedes. Coincido contigo en la fascinación que produce La Fuente de las Nereidas; y agradezco la información dada. El hecho de que no se encuentren dentro de este collage de mármol y bronce junto a otras esculturas, es porque mi intención es darles un merecido reconocimiento a través de un relato dedicado exclusivamente a ella.
¡¡Saludos y bienvenida al blog!!
Andrea

Maria de las Mercedes dijo...

Andrea, gracias por tu generosa bienvenida. Es un placer recorrer contigo a nuestra amada, hermosa "Loca" Bs As!

¡¡Vaya para ti,Un cariño grande!!