15 de diciembre de 2007

"Perros del Señor"

Edición N° 26

Desde La Creación, el vínculo entre los animales y el Hombre se eternizó tanto en la vida terrenal como espiritual. La simbología animal siempre guardó estrecha vinculación con lo místico, lo que tornó variada su interpretación: mientras algunas civilizaciones antiguas adoraron a los animales y los elevaron a la categoría de divinidades, de símbolos de belleza, de pureza, de buen augurio, de fidelidad, de protección y de eternidad, para otras eran la representación de lo negativo, de la traición, del pecado, del peligro y de mal presagio. Así, la serpiente y el cordero colmaron de enseñanzas los Libros de las Sagradas Escrituras; el toro, el gato y los escarabajos acompañaron a los faraones en su viaje a la inmortalidad; y la vaca y el caballo fueron —y aún lo son— sagrados y venerados en la religión hindú.

Las siluetas animales acapararon la atención en los diversos pasajes de la historia espiritual de la Humanidad e imprimieron su importancia en los frisos, muros, techos y cúpulas de los santuarios y templos y hasta fueron talladas en las grandes salas, columnas, obeliscos y tumbas erigidos por pueblos de Oriente Medio y de Asia.

En las antípodas, Buenos Aires propició el asentamiento de infinidad de colectividades y de cultos en su territorio, dando así origen a la instauración de los primeros templos, que comenzaron a asomar en el horizonte de la nueva ciudad con sus características arquitectónicas distintivas y donde la presencia de animales no pasó desapercibida. Quizá, la silueta recortada en chapa, que gira alocadamente sobre la torre derecha de la Basílica Nuestra Señora del Rosario y Convento de Santo Domingo, sea el más claro ejemplo de esa alianza entre animales y credos.

Cuenta la historia que Santo Domingo de Guzmán, fundador de la Orden de los Dominicos, tenía marcado su destino antes de nacer, el cual le fue revelado a su madre durante un extraño sueño: daría a luz a un perro que recorrería todo el mundo con una antorcha en la boca. Temerosa, se dirigió a un monasterio para consultar a un monje, quien le dijo: "No temáis, mujer. La antorcha encendida es la palabra de Dios. Como el perro, tu hijo va a ir por todo el mundo anunciándola." Desde entonces, la figura de un perro representa a esta orden religiosa y a los frailes dominicanos se los conoce como "los perros del Señor".

2 comentarios:

Tano dijo...

Hola Andrea, me encantó tu sitio... tanto me gustó, que me tomé el atrevimiento de publicar un link al mismo desde mi página, www.laciudadelafuria.com.ar

Recibe un afectuoso saludo de mi parte, y continuemos redescubriendo y fotografiando Buenos Aires.

Anónimo dijo...

Andrea, primero te felicito por tu trabajo.

Por otro lado, te quería comentar que esta cúpula está totalmente renovada, como así toda la fachada misma de la iglesia.