3 de octubre de 2007

Café "Santos Sabores" (Aguilar y Tres de Febrero, Belgrano)

Edición N° 18

El observador camina lentamente por esta calle tranquila de Belgrano, luminosa, adornada por hermosos plátanos, algunos tilos y robustos ficus. Sobre la vereda de Aguilar, casi en esquina con Tres de Febrero, descansan cuatro mesas de madera oscura con dos sillas enfrentadas. Encima de cada mesa, reposa una cajita de cuerina turquesa dividida en dos compartimientos: uno guarda servilletas de papel blanco con el nombre del lugar impreso en letras grises y un detalle de florcitas; el otro, una fila de sobres de azúcar y edulcorante en rutilantes colores. Un gran nicho en la pared, con maceteros de cemento gris repletos de lazos de amor sobre la base resulta ser un ventanal de vidrio, con flores de estilo arabesco dibujadas en los ángulos, las mismas de las servilletas. Pegado a éste, hay una puerta de estilo antiguo, color verde claro, con postigos y cristal repartido desde la altura del picaporte. El caminante empuja la puerta, que se abre al tiempo que suena un crujido de bisagras. El salón despliega una paleta de colores bien definida: blanco níveo en el techo, verde esperanza en las paredes, gris y verde envejecido en los pisos y estantes. Tres grandes lámparas de bronce con caireles, forradas en tela brillante, cuelgan desde una flor pegada al techo, recreada en yeso. Abajo, las mesas, con sus pequeñas cajas turquesa se distribuyen en forma caprichosa. Dos enormes sillones blancos, apoyados sobre una pared, invitan a sentarse justo allí. Desde ese lugar, los ojos del observador no pueden dejar de fijarse en otro ventanal que da a la ochava y que ofrece otra perspectiva de la apacible esquina. Pero el interior del bar encierra todo un mundo, una representación del paso del tiempo que no pudo ser, un añejamiento forzado de objetos y mobiliario que rememore tiempos pasados. Sobre el piso de cemento alisado y pinotea coloreada se intercalan pequeñas incrustaciones cuadradas hechas de pedazos de azulejitos de colores, que le otorga un toque de calidez y frescura. En el medio del salón, una columna forrada con pizarrones sirve para indicar la sorpresa de la semana, esta vez "2 scons, té, copa de jugo de naranja, tostado, a 8 pesos". Una vitrina exhibe dulces manjares, porciones de torta, budines de limón, cuadrados de chocolate y dulce de leche, magdalenas de banana bañadas con crema, arrolladitos… Sobre ella, un par de cuchillas, esperan listas para el corte. Detrás, una serie de estantes de madera que ocupa toda la pared ostenta ante el espectador una colección de frascos, algunos llenos de amaretis, otros de galletitas, grisines, trocitos de chocolate, nueces, almendras, masticables de rojos. Los hay en distintos tamaños, con tapas de vidrio o tapas de metal, altos y bajos, con rótulos y sin rótulos. En el centro de la estantería, reluce un frasco de porcelana, de contornos redondeados y tapita en forma de flor, que en la fantasía de cualquier niño puede seguro esconder un duende. A la derecha está el sector de las trivialidades, dispuestas de tal manera que se nota la intención de enmascararlas con el halo particular que dan las cosas viejas: una computadora, resmas de papel, bandejas de metal, cubiertos, y una mesa de madera envejecida, en la que hay pilas de platos y platitos, en perfecto equilibrio. Arriba de ella, un inmenso florero de vidrio lleno de agua límpida y fresca es ahora el hogar de un estupendo ramo de flores anaranjadas. Otra hilera de estantes sobre el lateral de este sector de las cosas comunes engaña al observador con un tiempo más lejano. En su cúspide, pegado a la pared, una composición que simula ser un cuadro recrea la mesa servida, a través de una cuchara, un tenedor, un cuchillo, todos de alpaca con el mango labrado, y dos pequeñísimos azulejos, uno en color verde y otro en azul, como platos para dos comensales. Hacia abajo, en cada anaquel, una tetera de porcelana de vistosos colores reina en el centro, mientras otras, tal vez como princesas, adornadas con tonos menos llamativos, la rodean. Es imposible para el visitante dejar de ceder a la tentación de incorporarse y acercarse a ese rincón para contemplar el colorido muestrario.

La mesa que ocupa el observador es un curioso paisaje. Su superficie está cubierta por pedacitos de azulejos rotos, o prolijamente cortados, en blanco, verde, azul, gris y por una porcelana curva, que el huésped de costumbre ahoga con la palma de su mano. Sostienen esta estructura cuatro patas de metal negro con dos hierros cruzados, para apoyar allí los pies. El espectador toma notas. Bebe una copa de jugo, saborea un scon, piensa que sería mejor que el tostado no se hubiese quemado. Sonríe y olvida el asunto cuando pegado a él, pero trasponiendo el ventanal, en una mesita de la vereda, se acomoda una anciana con su viejo amigo, un perrito de bigotes blancos y andar lento. De seguro esta señora elige la vereda a pesar del frío, no sólo porque lo prefiere a resignar la compañía de su perro, sino porque adentro, nada le recuerda verdaderamente a su infancia, al juego de luces de los caireles que la hacían soñar con hadas durante la siesta obligada, ni al sonar de los pasos firmes de su padre sobre la pinotea oscura, ni al viejo aparador donde escondía sus caramelos, mucho menos a la tetera que su madre reservaba para cuando venían visitas, ni al rechinar de la puerta de madera que se abría después de cumplida la siesta.

Autora: Miriam Muñoz

23 comentarios:

bett/ dijo...

muy bonito relato... me tomo un avión y me tomo un café ahí
muchas felicitaciones a la autora y al blog que cada vez tiene historias de buenos aires...
besitos bett

Fabiana dijo...

Holaª, me encanto leer la descripcion que hiciste de Santos Sabores, ya que yo hice la obra, y veo que valoraste cada detalle,a veces al hacerlo, uno cree tal vez nadie vea esa florcita o ese azulejo, y es bueno saber que si se tienen en cuenta los detalles

Andrea dijo...

Fabiana: ¡qué bueno que hayas encontrado la historia que Miriam escribió sobre Santos Sabores! Prometo visitar el bar, porque me impresionó el trabajo de los azulejos y la ambientación del lugar me pareció muy cálida. ¡Felicitaciones!
Saludos, Andrea.

marcecardozo dijo...

q feo q la gente se haga cargo de obras de arte q no le pertenecen, como Fabiana, ya q la autora del trabajo de las mesas se llama Maria Jose, y no solo hizo eso sino q tambien pinto parte de la vajilla.
Fui su alumna y reconoci su trabajo en cuanto lo vi!

Fabiana dijo...

q feo q la gente opine de lo q no sabe,las mesas y la vajilla le fueron encargadas a Maria Jose, en ningun momento dije que yo hiciera mesas o vajilla, yo construi el bar e hice su decoracion por supuesto segun el gusto y los deseos de su dueña , y Maria Jose fue una provedora de objetos,como tantos otros a los que les compramos o les mandamos a hacer;los mosaicos del piso no son obra de Maria Jose ,

Andrea dijo...

Marcela: gracias por tu aclaración.
Andrea

Fabiana dijo...

Que feo q la gente hable sin informarse,yo hice la obra,la construccion y la decoracion de Santos Sabores,a Maria Jose se le encargo la vajilla ,q por cierto no es pintada a mano,si no q son calcos y las mesas de mosaico partido,en ningun momento dije q yo hubiera hecho todos los objetos q decoran el lugar.

Andrea dijo...

Fabiana: gracias por tu aclaración.
Saludos, Andrea.

Marcela dijo...

mira vos, hiciste toda la obra y lo q rescataste del comentario fue esa florcita o ese azulejo q justo no hiciste, y nunca hablaste de la parte q si te pertenece, q alguna cosas son calcos lo sé, pero el mosaiquismo es a mano uno por uno y esa florcita de la q hablas es pintado a mano xq yo vi como lo hacen.

violeta dijo...

Hola!mi nombre es cintia cordoba. la verdad es q me encanto todo lo q se dic y cuenta d est lugar!y puedo asegurarle q es verdad!porq yo trabajaba como camarera alli.hoy ya no formo part porq como soy d lejos,era una odisea viajar cada dia.por eso tuv q dejar.pero le agradezco a la dueña por haberme recibido tan bien,por haberme dado el trabajo sin tener experiencia.la verdad les cuento q aprendi mucho!conoci comidas y dulces q jamas habia visto..fue una linda experiencia haber estado alli.por todo esto les recomiendo q visiten el lugar!no se van a arrepentir!al llegar notaran un buen clima,una carta llena d santos sabores q les costara decidir..mas la decoracion,y la buena atencion del lugar,los ara volver!y ser part d santos sabores,un lugar algo escondido,q vale la pena visitar!!besitos..

Andrea dijo...

¡Qué lindo lo que contás, Cintia! ¡Qué bueno que hayas encontrado este lugar para contar y compartir tu experiencia!
Gracias por pasar por el blog...
Saludos, Andrea.

Pedro Blumenbaum dijo...

Hola Andrea, conocí tu blog buscando informacion sobre Santos Sabores. Me confieso asiduo visitante. Y me sorprendió ver que tal vez a traves de tu blog pueda contactarme con Fabiana, quien según entiendo estuvo en la decoración del lugar...
¿como consigo su dato para hablar de negocios con ella?
Y chicas: no se peleen!
Pedro.

Andrea dijo...

Pedro: la única posibilidad que se me ocurre para contactar a Fabiana es ir y preguntar en el bar, pues no dejó dirección de correo como para dártela.
En cuanto a tus visitas por el blog, muchísimas gracias. Da un gran placer saber que hay gente que se toma el tiempo para leer las historias y mirar las fotografías. Saludos, Andrea.

Fabiana dijo...

Hola Pedro, te dejo mi mail por cualquier consulta fabianameritello@hotmail.com,gracias Andrea por responder

Anónimo dijo...

Soy Florencia, sobrina de María José, no son calcos sino que hay piezas pintadas a mano. Mi tia hizo las mesas, vajilla, su trabajo es excelente y lo pueden ver ahi mismo como en muchos otros lugares.

Anónimo dijo...

Yo vivo en la casa de arriba de santos sabores, la casa bordó, no hay persona que pase por la confiteria y no halague los trabajos de vajilla o mesas. FELICITACIONES MARIA JOSE!!!

Anónimo dijo...

me gustaria saber el nombre de la dueña, porque me imagino que sin su aporte no estariamos interesados en este hermoso cafe !!
gracias

mari dijo...

Que bueno todo esto, Santos sabores fué hecho con mucho amor, paciencia,ayuda, pasión, de todo.
Fabi me ayudo muchisimo con todo lo q sabe y le pone garra a cada cosa q emprende.
Maria José fué un hallazgo gracias a Maite y Flor, mis vecinas
Cintia hermosa, aprendió a trabajar muy bien y escribia los pizarrones con letras locas lindas y dibujitos
Asi podria contarles de muchissima gente linda, copada q me tiro mucha onda en estos años, asi q sólo hay agradecimientos y mucho Amor de mi parte
Andrea q linda sorpresa q me diste, Gracias!
Ale gracias dulzura por mostrarme secretos de buenos aires
Los esperamos siempre
Mariana

Andrea dijo...

¡Gracias Mariana! Parece que tu café genera muchas opiniones y pasiones, a tal punto que casi se desata una guerra en el blog... jaja
Como bien dije en otra respuesta, esta historia la escribió Miriam, una amiga que sugirió tu café como un lugar para descubrir. Si bien todavía me queda pendiente conocer el lugar, no bien leí el relato, no dudé en incorporarlo a mis "Secretos de Buenos Aires".

Saludos y espero que sigas dándote una vuelta por el blog...
Andrea

Anónimo dijo...

El lugar es como para ir a visitarlo...está muy bien decorado, fabiana tiene muy buen gusto, la dueña, Mariana es un amor, y María josé le puso un toque especial....flor

María Fernanda dijo...

ADORO ESE LUGAR... SUELO IR CON MI AMIGA SOL, CUANDO VIENE A VISITARNOS DE FRANCIA... SIEMPRE BUSCAMOS UN LUGAR BONITO, CÁLIDO Y DE BUEN GUSTO PARA CONVERSAR SOBRE TANTAS COSAS... POR LA DISTANCIA QUE NOS SEPARA...SUPER RECOMENDABLE. TODO CASERITO Y MUY BIEN SERVIDO.

Anónimo dijo...

Yo en este momento me encuentro desayunando en el Café Santos Sabores, no específicamente el del post, sino el de Recoleta. Efectivamente, la ambientación del local, desde los colores, la música y los detalles como la textura de la carta producen una atracción en el consumidor que busca un lugar donde pasar un buen momento.
Lamentablemente, la experiencia culinaria no es completa si la atención no complementa la armonía del lugar. Particularmente en este café, la atención de las personas a cargo el día de hoy trajeron abajo la buena atmósfera que los demás detalles habían logrado recrear.
Escribo el post sobretodo porque tal vez el dueño o inversionista de la cadena lo lea, porque un cliente que paga un plus en el precio, espera la misma calidad en el producto que en la atención.

Andrea dijo...

Gracias a todos por sus comentarios, especialmente al último. Suele pasar que los cafés o bares muy lindos y acogedores, a veces tienen mozos y mozas con modales poco acordes al entorno tan cálido. Y aunque cueste creerlo, eso se ve hasta en cafés renombrados de la Ciudad de Buenos Aires, como el Tortoni, donde algunos de sus mozos resultan hasta poco amigables y con escasa buena predisposición hacia el cliente. Saludos!!