5 de octubre de 2007

Entre fábricas y mamelucos...

Edición N° 19


Barrio Parque Patricios. Aquí, Buenos Aires deja atrás su imagen de tarjeta postal. Ya no es la ciudad de los centros comerciales lujosos, de los edificios emblemáticos, ni la que diariamente invaden miles de extranjeros. Albergue de numerosas fábricas, empresas de transportes, talleres mecánicos y hospitales, el viejo barrio sorprende al caminante apenas traspasa el límite trazado por la Avenida Juan de Garay. Salvo algunas palabras vociferadas en chino mandarín y que dan vida a los ojos rasgados y semiocultos tras un mostrador de mercado, pocas son las voces extranjeras que se escuchan en este trozo de ciudad.

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Avanzando por la Avenida Chiclana, el rugir de los automóviles será sólo un fastidio momentáneo: en minutos, la avenida se convertirá en un desierto y cruzarla no resultará un gran desafío. Ni qué decir si al silencio del asfalto se le suma el de las veredas recubiertas con adoquines viejos: enseguida, el barrio se detendrá en el tiempo. Entre esa quietud, plasmada también en las calles internas, sobreviven antiguas fachadas, varias de ellas en muy mal estado —producto de la continua erosión en los materiales y de la falta de mantenimiento— y otras cubiertas con colores estridentes. Afortunadamente, el descontrol inmobiliario, causante de la aniquilación de gran parte de la identidad y del patrimonio de los barrios, y que no duda en demoler reliquias arquitectónicas para dar paso a elevadas torres monocolor, todavía no ha arrasado con la fisonomía de este refugio porteño. Será por eso que estas dos señoras de aspecto romano, envueltas en túnicas prolijamente arrugadas, y protegidas en sus hornacinas, se dan el lujo de hermosear el frente de esta vivienda y de observar los mamelucos engrasados que todos los días pasan por la vereda.

3 comentarios:

Loreta dijo...

Me parece muy profunda y acertada la crítica sobre el descontrol inmobiliario que está aniquilando a nuestros barrios. Qué lindo que tu blog recupere esos lugares por los que muchas veces pasamos sin detenernos. Desde que leo tus historias disfruto más de los rinconcitos de Buenos Aires.

Marcela dijo...

Cuánta riqueza encierran algunos barrios de Buenos Aires. Cuánta escultura parece escondida ante el paso acelerado y los ojos casi ciegos por la prisa...

Andrea dijo...

Gracias, Loreta y Marcela. Sin duda, esta es una de las tantas casas que pasan desapercibidas en la ciudad de las nuevas torres. Mi desafío es descubrirlas y exhibir su belleza.