5 de septiembre de 2007

Piedra libre

Edición N° 16

Nuestros ojos siempre se empecinan en demostrarnos que sin su agudeza visual todo luciría similar. Nos hacen sentir débiles sin su guía y aprovechan esa dependencia brutal para convertirnos, definitivamente, en esclavos de sus imágenes preferidas. Caprichosos, hasta nos quieren convencer de que lo que ellos ven es así y no de otro modo. En ocasiones, suele suceder que lo que ven no es auténtico; y si bien necesitan mirarlo más de una vez para confirmar su condición de legítimo, aun así, siguen dudando si lo es.


Buenos Aires oculta secretos a la vista de todos. La ciudad, con alma de niña, juega a las escondidas y despista, con astucia, a los mejores jugadores. Y la Plaza Cataluña es uno de sus rincones favoritos para cumplir el objetivo de entrampar a miles de ojos empeñados en descubrirlo todo: pinceladas en tonos grises simulan ventanas desnudas, por las que jamás se asomarán la curiosidad ni la contemplación; los vidrios, límpidos, nunca soportarán el repiqueteo de una lluvia intensa ni se nublarán por el calor que emana tras de sí. La mansarda soñará, en vano, ser el hogar de esas aves solitarias, de vuelo fugaz, que a gran velocidad parecen chocar contra los hormigones urbanos.


Todo es trampa... Y nuestros ojos, desesperados e incapaces de reconocer a simple vista la burla, hurgan, encolerizados, una y otra vez, en la imagen estampada en el muro.

2 comentarios:

Fabiana dijo...

¡Increíble, pero real! ¡Qué buena idea para engañar nuestros ojos!

Andrea dijo...

¡Gracias, Fabiana! Ojalá hubieran más "Trompe l´oeil" de esta calidad en las paredes de Buenos Aires y menos pintadas políticas o grafittis realizados con el único fin de ensuciar paredes.