7 de agosto de 2007

Miradas grises

Edición N° 12

En Buenos Aires, los vecinos curiosos observan desde sus balcones mi andar apurado y, en ocasiones, hasta se ríen de mis tropiezos o de mis caídas. Pero también hay seres inanimados que, en silencio, vigilan todos esos movimientos.

Desde lo alto de un edificio, ocho gigantes me miran con insistencia. Mis pasos son controlados por esta serie de hombres corpulentos y enormes, de color gris oscuro, que se elevan en los muros de la maravillosa obra arquitectónica. Cada una de las figuras masculinas representa a las personas que trabajaron en su construcción. Sí, los colosos se hicieron a imagen y semejanza de quienes erigieron el magnífico edificio de estilo art nouveau: el albañil, el herrero, el carpintero y hasta el arquitecto danés que lo ideó, entre otros. Cuenta la historia que se construyó a pedido de su primer propietario, Nicolás Mihanovich, un empresario naviero y cónsul del Imperio Austro-húngaro en Buenos Aires desde 1899.

Inaugurado en 1914, el edificio Otto Wulf está repleto de simbología. Cóndores y otras aves autóctonas se convierten en gárgolas, en ménsulas y en barandas, para contemplar, cerca del cielo, la vida presurosa, característica de la ciudad porteña. De la piedra gris brota un espectacular despliegue de fauna argentina, en combinación con figuras humanas que representan a la población originaria: los indígenas. De cara al firmamento, se destacan dos cúpulas de color verde. La más alta, coronada por un Sol, simboliza la imagen del emperador Francisco José I de Habsburgo, de Hungría; la menor posee en la punta una corona —y años atrás una Luna, que ya no está— en representación de la figura de la Emperatriz Sissí, de Austria. Ambas expresan la alianza de dos reinos y de lo masculino con lo femenino.

La mole gris deslumbra entre los demás edificios de la zona por la belleza que revela en los casi sesenta metros de altura que contienen once pisos, el doble mirador y la doble cúpula. Y desde hace noventa y tres años es el hogar de los hombres de piedra, de esos fornidos que me miran atentamente cada vez que paso por la esquina de la avenida Belgrano y la calle Perú, en el barrio de Montserrat.

4 comentarios:

Fabiana dijo...

Muchas veces me pregunto (y no encuentro respuestas) por qué las construcciones modernas ya no tienen esos detalles escultóricos y arquitectónicos que inspiraron a otros humanos en siglos pasados. Si bien todo cambia, me gustaría que cada tanto, de la mano de algún desconocido surjan edificios como este, no iguales... pero que, al menos, un poquito se parezcan.

Andrea dijo...

Coincido totalmente. ¡Qué lástima que algunos arquitectos no reparen en lo bello que sería revivir en el cemento a aquella gloriosa Bs. As. del 1900!

Anónimo dijo...

Buscando primicias encontre el blog
Ante todo enhorabuena.
Comparto con vos.
Soy un curioso y me gusta conocer,saber.
Deseo primicias de los secretos de Buenos Aires.
En el aguardo pronto
Roveri
e-mail
dentistaturista@yahoo.com.br

Anahí Flores dijo...

Hola Andrea!
Hoy descubrí tu blog y anduve paseando de aquí para allá por las fotos, hasta que encontré las del edificio maravilloso de Perú y Belgrano.
Adoro este edificio, y más aun desde este último año, cuando entré por primera vez para inscribirme en la Casa de Letras (escuela de escritura que funciona en el octavo piso).
Siempre, antes de entrar a la escuela, dedico unos minutos a contemplar los seres que habitan las paredes de piedra.
Un saludo de,
Anahí