29 de junio de 2007

León asesino

Edición N° 4

Escondido entre la flora, asoma el bronce más espeluznante: representa la lucha de una fiera con un hombre. Las garras del león se estampan en la frente del joven y una de sus manos queda atrapada en las fauces del feroz animal...
Las historias de amor se destacan por el dramatismo que desatan en algún momento de su existencia. Y las lágrimas son el camino seguro a un final feliz o desdichado. Eso lo aprendió, del modo más cruel, la joven hija del millonario Eustaquio Díaz Vélez, un hombre terriblemente apasionado por los leones. Su admiración por estos felinos llegó a tal extremo que hizo traer de Europa dos ejemplares para tenerlos sueltos en el parque de su mansión y, en ocasiones, encerrados en las jaulas que especialmente mandó construir.
Corría el año 1930 cuando la hija de este hombre poderoso y adinerado organizó una fiesta de compromiso en la mansión de estilo francés que aún se mantiene en pie sobre la Avenida Montes de Oca al 100. Mientras los invitados festejaban el acontecimiento, misteriosamente uno de los leones escapó de su jaula y acabó con la vida del flamante novio. Ante tanto desconsuelo, tiempo después, la muchacha se suicidó, destrozada por la muerte de su prometido. Cuenta la leyenda que por las noches se escuchan llantos, presumiblemente de la joven que busca a su amor más allá de la muerte...
Eustaquio Díaz Vélez se deshizo de los leones. Sin embargo, su atracción por estas fieras era tan fuerte que mandó tallar varias cabezas de felinos sobre las arcadas de las puertas de entrada de la mansión e hizo colocar estatuas alusivas entre la flora del parque.

3 comentarios:

netcat dijo...

increíble,¿como puede uno vivir en esta cuidad sin saber esas cosas,sin visitarlas?

Andrea dijo...

Es posible, Netcat...

Anónimo dijo...

Estimada Andrea, te envío este link que tal vez te interese acerca de la leyenda de LA CASA DE LOS LEONES:

http://www.buenosairessos.com.ar/articulo/casa-leones-0

En el mismo, una familiar directa de Eustoquio Díaz Vélez (h), Inés Álvarez de Toledo, desmiente los hechos que dieron lugar a dicha leyenda. Te felicito por el blog y la dedicación vertida en el mismo.

Alicia
Vicente López- Buenos Aires